¿UNA VIDA PREDESTINADA?
José Antonio Valdelomar tenía 23 años cuando Carlos Saura
lo eligió para protagonizar su película «Deprisa Deprisa». El director quería
la mayor naturalidad y autenticidad posible y por eso buscó los personajes básicos de la película entre
jóvenes no profesionales que compartían el mismo modo de vida con sus papeles
ficticios. El Mini, así era el apodo de José Antonio, no tuvo ningún problema
en convertirse en Pablo, cosa poco sorprendente ya que Pablo era el Mini. Un
joven que vivía en la
periferia de Madrid con su esposa, con poca resistencia a actos de
violación a las leyes y
además adicto a las drogas duras.
En la película vemos como estos chicos delincuentes
eligen su modo de vida como si no fuera otra opción. Es una verdad indiscutible
que para los jóvenes de una cierta clase, en la España de la transición y de la
confusión moral que la siguió, las opciones fueron muy limitadas. Uno
esperaría, sin embargo, que para José Antonio la oportunidad de protagonizar una
película de un director famoso, que tuvo éxito tanto de crítica como comercialmente,
debería cambiar la perspectiva de su vida. No fue así.
Aunque cobró 300.000 pesetas por su participación en la
película, las gastó todas en una empresa que quebró y en las muchas deudas que
tuvo. Poco después de terminar el rodaje y antes del estreno del filme, José
Antonio junto con un compañero suyo, atracaron a
mano armada un banco, exactamente
como lo hizo en la película. Los detuvieron y fueron encarcelados. Podemos encontrar declaraciones de José
Antonio dentro de la cárcel a los periodistas inmediatamente después de la
proyección de la película en los cines. Fue un error, una locura dice para el
atraco pero necesitaba el dinero. “Intentaré salir de aquí”, añade, “para
trabajar en algo”. Es optimista y sus compañeros de prisión lo aprecian.
Después de casi dos años encarcelado fue puesto en
libertad pero no por mucho tiempo. Perpetró otro atraco, esta vez en un
supermercado, donde lo reconoció la dependienta. "Su cara es ya demasiado
popular", dijeron sus amigos. "Los comerciantes le ven en cada
atracador que llega a la tienda diciendo: 'Venga, el dinero, deprisa,
deprisa". ¿Ironía tragicómica
o justicia inexorable?
En 1992, 11 años después de «Deprisa Deprisa», José
Antonio, todavía encarcelado, todavía drogadicto y además portador de sida,
morirá por sobredosis de heroína. Tenía 34 años y muchísima prisa de verdad.
24-5-2017
Soula Tsilfidou

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